Un cereal ancestral con propiedades únicas

La espelta es, sin duda, un tesoro de la agricultura antigua que ha recobrado un protagonismo merecido en la nutrición moderna. Es un alimento que no solo nutre el cuerpo, sino que, según la tradición de Santa Hildegarda, también tiene un impacto positivo en el ánimo y la «Viriditas» o fuerza vital.

Se cultiva desde hace más de diez mil años en la región del Mediterráneo y ha logrado sobrevivir hasta la actualidad gracias a su gran resistencia.

Principales cualidades de la espelta

La Espelta: El rey de los cereales

La espelta (Triticum spelta) pertenece al grupo de los trigos llamados “vestidos”, ya que su grano conserva una cáscara firmemente adherida incluso luego de la trilla. Dicha cáscara de sílice la protege de plagas y contaminación, permitiendo un cultivo libre de químicos.

Espelta vs trigo común

Variedades principales

  1. Grano Menudo (Triticum Monococcum): La más pura y antigua. Ideal para digestiones delicadas.
  2. Almidonera (Triticum Dicoccum): De genoma AABB, hoy es difícil de encontrar.
  3. Gran Espelta (Triticum Spelta): La más versátil y común, pilar de la medicina natural alemana. Hay que tener cuidado con variedades como «Hércules» o «Roya» ya que a menudo se venden como espelta pero han perdido la pureza genética original (hibridadas)

Los beneficios de la ‘viriditas’

Según la visión de Santa Hildegarda de Bingen, la espelta actúa en tres niveles:

  • Físico: Calienta el cuerpo, mejora la calidad de la sangre y fortalece los tejidos.
  • Bioquímico: Sus ácidos oleico y linoleico combaten la inflamación, mientras que la cistina y la metionina desintoxican el hígado.
  • Emocional: Se le atribuye la capacidad de «alegrar el corazón» y disipar la melancolía.